La valoración positiva o negativa de este fenómeno, o la inclusión de definiciones o características adicionales para resaltar la inclusión de algún juicio de valor, pueden variar según la ideología del interlocutor. Esto porque el fenómeno globalizador ha despertado gran entusiasmo en algunos sectores, mientras en otros ha despertado un profundo rechazo (antiglobalización), habiendo también posturas eclécticas y moderadas.
La globalización, pues,
es descripción adecuada de un cambio relativamente reciente de la forma en que
las naciones-estado, el sistema internacional de estados, los individuos y la
humanidad como un todo interactúan los unos con los otros, y de cómo entienden
cada uno de ellos que están en este "único lugar". La globalización
describe a la vez una situación objetiva de relaciones y una conciencia
subjetiva de las mismas. Es cierto que estas nuevas dinámicas tienen aspectos
negativos (amenazan la identidad de los grupos y de los individuos), pero
también los tienen positivos (posibilitan la participación de un número cada
vez mayor de personas en su propio desarrollo, no sólo desde un punto de vista
económico, sino también político y cultural).Y mientras es una cultura global
en desarrollo, la globalización no es necesariamente homogeneizadora, sino que
también promueve y valora la diversidad.
Para los cristianos, comprometidos desde siempre con la promoción del bien común y de la justicia y la paz para todos, el nuevo contexto supone retos y oportunidades.
Para los cristianos, comprometidos desde siempre con la promoción del bien común y de la justicia y la paz para todos, el nuevo contexto supone retos y oportunidades.
Entre
los retos, mencionaremos los siguientes: repensar el lugar y la
función de las naciones-estado en la búsqueda de la justicia; promover y
preservar la particularidad cultural capacitando a las distintas culturas para
participar en el mercado global; promover la libertad individual sin llevar a
un individualismo aislado; fomentar nuevas estructuras internacionales para
hacer frente a los problemas que exceden de las capacidades de las
naciones-estado; comunicar los principios cristianos de la justicia social de
forma persuasiva y que lleve a la conversión del corazón; ejemplificar en la
vida de la institución eclesial la justicia que predicamos.
La
globalización también ofrece a la misión social de la Iglesia nuevas
oportunidades. Las espectaculares nuevas tecnologías de la comunicación ofrecen
la mayor posibilidad de aumentar el sentido de la solidaridad humana y permiten
llegar a un conocimiento de unos y otros como seres humanos impensable cuando
León XIII escribió acerca de "las cosas nuevas". El colonialismo
occidental y el imperialismo soviético han cedido el paso a un mundo
policéntrico. Culturas durante largo tiempo reprimidas han cobrado nueva vida
al interactuar con otras culturas. La Iglesia tiene una nueva oportunidad de
fomentar la subsidiariedad y la solidaridad. Su antigua doctrina sobre el uso
de los bienes materiales para el bien común puede ahora aplicarse globalmente,
pero al mismo tiempo este bien común ha de concretarse en comunidades locales y
organizaciones intermediarias: globalización de la misión social.
Y finalmente, quiero insistir una vez más en que la misión social de la Iglesia es una dimensión constitutiva de su misión fundamental: dar testimonio de la verdad, salvar y no juzgar, servir y no ser servido, ser portador de la esperanza y luz para todas las naciones (Gaudium et spes, n. 3).
Y finalmente, quiero insistir una vez más en que la misión social de la Iglesia es una dimensión constitutiva de su misión fundamental: dar testimonio de la verdad, salvar y no juzgar, servir y no ser servido, ser portador de la esperanza y luz para todas las naciones (Gaudium et spes, n. 3).
http://www.youtube.com/watch?v=30hdrc-jO44&feature=relatedVIDEO DE LA GLOBALIZACION.
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