Como
en todos los campos de la actividad humana, la globalización debe regirse
también por la ética, poniendo todo al servicio de la persona humana, creada a
imagen y semejanza de Dios.
La
globalización es un fenómeno complejo que posee diversas dimensiones
(económicas, políticas, culturales, comunicacionales, etc.). Para su justa
valoración, es necesaria una comprensión analítica y diferenciada que permita
detectar tanto sus aspectos positivos como negativos. Lamentablemente, la cara
más extendida y exitosa de la globalización es su dimensión económica, que se
sobrepone y condiciona las otras dimensiones de la vida humana
La globalización,
tal y como está configurada actualmente, no es capaz de interpretar y
reaccionar en función de valores objetivos que se encuentran más allá del
mercado y que constituyen lo más importante de la vida humana: la verdad, la
justicia, el amor, y muy especialmente, la dignidad y los derechos de todos,
aún de aquellos que viven al margen del propio mercado.
Como la misma Iglesia, siempre ha estado condicionada por el
contexto. Esta contextualización se puede ver con la máxima claridad en el
período moderno de la misión social de la Iglesia.
Cuando León XIII escribió la Rerum
novarum (1891), el contexto
era la rápida industrialización y urbanización de Europa, y la cuestión laboral
condujo a una sociedad de dos clases: los empresarios burgueses capitalistas y
la clase trabajadora o proletariado urbano. De ahí el tema de la encíclica. En
1931, su sucesor Pío XI conmemoró la encíclica de León XIII con la Quadragesimo anno. La cuestión
del momento era la alternativa real a un orden social cristiano planteado por
el socialismo de estado o comunismo. Por aquel entonces, el sistema capitalista
había llegado a ser tan generalizado que había permitido la acumulación de
"un inmenso poder y una dictadura económica despótica" en manos de
unos pocos (Quadragesimo anno, n. 105). Desde este momento la Iglesia
articuló por primera vez, con toda claridad, el principio de subsidiariedad.
Cuando Juan XXIII articuló su visión de la misión social de la
Iglesia en Mater et magistra (1961) y Pacem in terris (1963), el contexto era la guerra
fría, las armas nucleares, la carrera del espacio. Las cuestiones del momento
tenían que ver con problemas internacionales provocados por la nueva energía
nuclear, el desequilibrio entre agricultura e industria en la economía de los
estados, la disparidad de riqueza entre países. Juan XXIII enunció entonces el
principio de la solidaridad de la raza humana y la necesidad de que los estados
enfrentasen juntos problemas como la explosión demográfica y la necesidad de
ayuda internacional.
Esta perspectiva internacional y universalista pasó a la Gaudium et spes (1965) del Vaticano II. El contexto
era el de la transformación social y cultural fruto de la ciencia y la
tecnología, un sentido más dinámico y evolutivo de la realidad, la gran
prosperidad de algunos países industrializados y la creciente interdependencia
de los humanos, con el resultado de que el bien común tenía ahora carácter
universal e incluía derechos y deberes respecto a toda la raza humana. La idea
de la solidaridad humana, de una única comunidad mundial impregna todo el
documento. La misión social de la Iglesia está al servicio de toda la humanidad
(Gaudium et spes, n. 3).
Las encíclicas sociales de Pablo VI y Juan Pablo II han continuado
esta perspectiva internacional. Marcando el aniversario de la Rerum novarum,
Juan Pablo II escribe en Centessimus
annus (1991) que "hoy el
factor decisivo es cada vez más el hombre mismo, es decir, su conocimiento,
especialmente el científico, su capacidad para una organización
interrelacionada y compacta, así como su habilidad para percibir las
necesidades de los demás y satisfacerlas" (n.32). El comunismo ya no es
una alternativa viable al capitalismo liberal, lo cual no significa que el
sistema capitalista sea algo bueno sin más. Las consecuencias del capitalismo
(materialismo, consumismo, pobreza continuada de los países subdesarrollados,
deuda externa, amenazas ecológicas) deben ser enfrentadas por la comunidad
mundial.